
“Yo quería ser como esa mamá”
A los 14 años, bajo un árbol, Ivanna pensó que Dios estaba pidiéndole algo. A los 22, se casó con Leandro y hoy tienen cuatro niños. En este testimonio cuenta cómo el ejemplo de otra mujer le acercó a Dios.
2010/01/03
Ivanna Yensen tiene 29 años y está casada hace siete años con Leandro Abalos. Completan la familia: Candela (seis), Marquitos (en el Cielo), Juan Cruz (cuatro), Camila (tres), Nicolás (uno) y pronto nacerá Lucía.
La búsqueda
"Un día, cuando tenía 14 años, estaba rezando recostada en el pasto, mirando el cielo a través de las hojitas del árbol que me daba sombra. No olvido más ese momento: entendí que Dios quería todo de mí. Desde ahí no paré de buscar cómo, dónde, cuándo… pero los vientos soplaban confusamente.
Al año siguiente, empecé mi noviazgo con Leo, ahora mi marido. Pero insisto, los vientos eran raros: por un lado, pensaba en mi entrega total al Señor y, por otro, Leo parecía llevarse toda mi alma y mi corazón.
El Encuentro
Cuando tenía veinte años y estaba en la facultad, un día fui a estudiar a lo de una compañera. Crucé la puerta principal de la casa de mi amiga y me emocioné muchísimo… ¿Qué había?... Nada, nada fuera de lo común y corriente -desde lo superficial por supuesto-; porque Jesús se me mostró en lo profundo.
En resumen, vi una casa sencilla, incluso más modesta que otros hogares que jamás me llamaron la atención. Pero mi corazón vio más… Yo quería ser como esa mamá… ¿Quién era? ¿Qué hacía? Seguramente era alguien especial: no cualquier mamá conmueve, habla de Dios a través de su casa y de su trabajo de todos los días. Me quedé con muchas ganas de conocerla porque pensaba que Jesús me llamaba a ser como ella.
Cuando llegó la hora de acostarme, no pude dormir y lloré durante largos ratos de esa noche –de emoción-. Tenía el convencimiento de que había encontrado mi camino, de que mis dos amores (Jesús y Leo) se hacían compatibles en la vida de esa mujer a la que sólo conocía por el amor que se respiraba a través de su casa.
Ese nada de mi amiga, en realidad era algo… sólo que caracterizado por no ser algo distinto a lo de todos los días. Su mamá era supernumeraria del Opus Dei. Sin embargo, no lo descubrí hasta un tiempo después.
Volviendo a lo de antes, luego del interrogatorio fallido, no podía creer lo que me pasaba, cuando parecía que había llegado lo que estaba esperando desde tanto tiempo atrás, se esfumaba ante mis ojos. No podía dejar todo ahí, entonces le pregunté a mi amiga si conocía dónde hacer un retiro espiritual en silencio. “Quizá te pueden ayudar los que predican sacerdotes de la Obra”, me contestó.
La Entrega
Desde entonces, el desafío de todos los días es convertir mi casa en el hogar de Nazareth, como decía San Josemaría. Y cada vez me convenzo más de que la mejor manera de ser instrumento fiel al Señor, es dejándolo que haga las cosas. Así vivo mi reposo obligado para cada embarazo [Ivanna sufre una patología por la cual ante el mínimo esfuerzo se generan contracciones que podrían derivar en el nacimiento prematuro del bebé].
Durante ese tiempo, trato de ofrecer al Señor todo lo que hago: es decir NADA. Evidentemente, según las obligadas circunstancias, pienso que a Jesús le parece mejor que yo “me borre”, para que Él pueda escribir".
DESTACAMOS
SAN JOSEMARÍA
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2010/09/09

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